
Querida mamá misionera
Te veo. Empiezo con eso, porque sé que a menudo no te sientes vista. Te quedas en casa con los niños mientras tu esposo sale a enseñar la Biblia. Estás en la parte trasera de la iglesia, tratando de calmar al bebé. Abandonas la reunión de equipo temprano para que tus hijos tomen la siesta.











