Amor en un queso de cinco kilos

Amor en un queso de cinco kilos

Cuando recibían algún regalo, en especial de su familia, como una horma de queso de 5 kilos, lo olían como si fuera un perfume importado, lo abrazaban y lo sostenían por largo tiempo.

Entendí que al oler, y cerrar sus ojos, allí estaba su familia, su sangre, su casa, sus ciudad, su país, sus recuerdos, sus momentos gratos. No pude dejar de llorar al ver eso. Aún tengo esa imagen viva en mi mente.

Los abrazos a veces duraban muchos minutos. Hacía mucho tiempo que no podían abrazar en confianza, desahogarse, llorar. No había que decir nada, sólo sostenerlos abrazados.

Recuerdo que una obrera, luego de un momento así, se sentó “a upa”, sobre la falda de la hermana que la sostuvo, como si fuera una niña en el regazo de su madre.

Esta hermana ocupó el lugar simbólicode su madre y le daba palabras de afirmación, consuelo y amor.

Lloró demasiado… pero revivió. Invitarlos a cenar en algún restaurante en su ciudad era algo como un cumpleaños. Estaban felices pues hacía tiempo que no tenían esa oportunidad por falta de finanzas. Orar con ellos por cosas específicas levantaba gran carga de sus hombros.

También, confesar, remitir pecados, restaurar con palabras de dirección, según lo que el Espíritu Santo nos daba en particular a cada uno. Eso fue reanimante y reparador de su vida espiritual.

La risa, las bromas, eran parte de la sanidad, podían reír sin ser mal interpretados en la cultura porque lo hacían con su familia de país de origen.

Por Claudia Bustamante, del Ministerio Red de Apoyo Integral al Misionero (RAIM) en Argentina. Desde 2001 viaja realizando visitas a los obreros en el campo.

Revista VAMOS diciembre 2015

Cuidado integral del misionero

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Descargando las emociones

Desahogarse es una idea bíblica, Pablo y la iglesia de Antioquía la practicaron (Hechos 14:27) Pedro (Hechos 11:4) Tísico (de Pablo, Efesios 6:21) y Timoteo (de Pablo, 1 Tesalonicenses 3:1-6) y otros. Todo misionero que regresa a casa del campo misionero trae una carga muy pesada de experiencias, sentimientos, esperanzas, duelos, incertidumbre y preguntas. Es muy importante que esa carga sea eliminada antes de llegar al lugar de origen.

Diferentes dones para un mismo equipo

Neal Pirolo escribió el libro “Sirviendo a los Obreros”, donde afirma que ningún misionero debería salir de su país sin un equipo fuerte e integrado, con personas con conocimiento misionero, entusiastas y tan comprometidas como el mismo misionero que va al campo.

La soledad y el choque cultural

Un misionero llegó y se dio cuenta de que ese país era muy distinto a la patria en la que él había nacido. El aprendizaje del idioma se hizo un poco más difícil, nadie lo entendía y él tampoco lograba entender completamente a las personas. Pensar en que tenía todo un ministerio por delante ya no lo animaba tanto como antes de salir de casa.