No se acaba en el aeropuerto

Cuando un misionero es enviado por una iglesia, muchos pastores consideran que hasta ahí llegó su tarea, se comunicarán una vez al año y se volverán a encontrar a su regreso. Nada más equivocado que eso.
“De la misma manera que un miembro de la iglesia local necesita nuestra atención, saludo, preguntas, oración, interés y abrazo de su pastor, cuánto más lo necesita aquel que viviendo a la distancia sigue considerando a su pastor como su padre y cobertura espiritual”, dice Claudia Bustamante, autora de Cuidado Integral.
No se acaba en el aeropuerto La principal tarea es no olvidarlos Sentirse olvidado es uno de los peores sentimientos que aquellos que están en el campo pueden experimentar.
¿Qué pasó con quienes los enviaron? “La realidad de la vida del misionero es marcada por cambios constantes, con consecuencias, muchas veces trágicas, para la continuidad de la obra misionera”, dice Mario Loss, quien sirvió muchos años en Uruguay, por lo que una comunicación fuerte y constante con su equipo de apoyo y con su pastor es fundamental para renovar los ánimos y continuar fortalecidos en la obra.
Proverbios 27:23-24 dice: “Mantente al tanto de tus ovejas, preocúpate por tus rebaños”. Así que pastor, no olvides a tu obrero. Las distancias son cada vez menores gracias a la tecnología: Un correo electrónico, una videoconferencia por Skype, una tarjeta virtual, un libro online, hay tantas opciones que los kilómetros que los separan ya no son una excusa para no saber cómo está el misionero que enviaste.