Plantar semillas y no llevar maceta

Plantar semillas y no llevar maceta

Para entender mejor lo que significa la contextualización, utilizaremos el ejemplo de la semilla y la maceta. El Evangelio es como una semilla que se cultiva en cualquier lugar.

Cuando se siembra en la India, la planta crece y lleva consigo la identidad y el carácter de los indios. Si se siembra el Evangelio en Roma, Londres o México, brotan plantas parecidas pero con características propias de estos lugares porque se nutren de la tierra (la cultura) del lugar.

El sembrador que lleva la semilla de un lugar a otro, no debe llevar la maceta consigo. No se permite llevar esta semilla valiosísima junto con la tierra; viaja sola porque tiene la capacidad de conservar toda su esencia y también adecuarse completamente a cada lugar.

Una contextualización inadecuada puede convertirse en acomodación, aculturación, domesticación o sincretismo (que es mezclar o unir un conjunto de creencias o filosofías diversas e integrar esa mezcla al diario vivir). Por eso, el uruguayo Mortimer Arias afirma lo siguiente: “La relación entre el Evangelio y la cultura debe ser dinámica y dialéctica, exactamente como la semilla que crece tomando del suelo los nutrientes que son compatibles con la planta sin que esta pierda su propia naturaleza”.

Es decir, la semilla (el Evangelio) nunca cambia, pero la planta y los frutos tienen características propias del suelo y la tierra (cultura) de la cual crece y se nutre.

Fuente: Marcelo Vargas, del Centro de Capacitación Misionera en Bolivia