
Riesgos para la vida espiritual en el campo misionero
Cuando un misionero sale al campo, todos los cambios a los que se enfrenta causan un desequilibrio y la única solución es aferrarse al Señor.

El trabajo y el esfuerzo del día a día nos agotan y muchas veces terminamos tan cansados que no nos percatamos de las cosas en las que estamos fallando.
Para Sergio Galaz, director de ProVisión Chile, la dinámica de rendir cuentas debe ser parte de nuestra formación como misioneros. “Todos nos debemos a todos y es un excelente ejercicio tener a quien rendir cuentas, básicamente para recibir consejos y ayuda en los momentos en que lo necesitamos. Nos hace bien expresarnos abriendo el corazón a quien nos da la absoluta confianza de ser nuestro mentor”, dice.
El rendimiento de cuentas más importante lo hacemos con Dios, cuando confesamos nuestras faltas. “Cuando trabajamos para alguien hay que dar cuentas y en el reino de Dios no debe ser diferente. Esto nos ayudará a mantenernos enfocados en lo que debemos hacer y nos será de motivación a ejercer bien nuestro ministerio”, dice Oscania Soriano, pastora en República Dominicana.
“Saber que cuentas con una persona es importante. Tener un compañero de oración, una persona que te hace preguntas, cómo está tu vida, cómo caminas. No para exigir, sino alguien que te hace reflexionar sobre eso”, dice Zaza, directora de PMI.
Tener a una persona que nos confronte en amor, nos aconseje y con quien nos sintamos cómodos, es un privilegio que nos ayudará en nuestro crecimiento espiritual.

Cuando un misionero sale al campo, todos los cambios a los que se enfrenta causan un desequilibrio y la única solución es aferrarse al Señor.

Aunque existe un riesgo de caer en el legalismo (asociar la espiritualidad con una lista que debemos mantener o compararnos a nosotros mismos con otros), es importante que nuestra búsqueda de Dios sea seria.

Como nuevas criaturas, no podemos olvidar o no tener presente lo que el Señor nos declara en el Evangelio de Juan 15:4-5