¡Por favor, préstenme atención!

Abandona todo tipo de responsabilidad con la excusa de “no sirvo para nada”.
Pelea con todo el mundo, especialmente con pastores o líderes.
Piensa que todo el mundo es hipócrita, y sólo confían en ciertas personas.
No asiste a ninguna reunión por la sencilla razón de que en ella está esa persona que no puedo ver ni en pintura.
Trata de demostrar de manera exagerada su rebeldía, es más, lo hace a propósito.
Se la mantienen diciendo que sus mejores amigos están fuera de la iglesia, y lo hacen para que los demás escuchen.
Viven amargados, y tratan de demostrar que su estadía en la iglesia es un verdadero infierno (pero ellos saben que no es así).
Son vulnerables a escuchar consejos. Se cierran de tal manera que a la final terminan ofendiendo a propósito.
Manifiestan su desinterés por Dios en todos los sentidos, y lo que logran hacer en la iglesia es por una obligación que tienen.
Se encargan de poner en mal a las personas a través de comentarios.
Se la mantienen diciendo que nadie los entiende, y magnifican sus problemas con el fin de llamar la atención.
Están pendientes quien dice el más mínimo comentario para reclamarle de manera exagerada.
Lo más probable es que si leen esto, en vez de reflexionar, se pondrán más bravos. Lo bueno es que esto no es para ellos, es para los líderes y pastores.
Nosotros hemos cometido muchos errores por la sencilla razón de abandonar o no hablar con ellos sobre su llamado.
Por Eivert Caridad, venezolano, pastor de Iglesia Arca de Cristo