Las iglesias enviadoras tienen que sumarse a la visión global. Nosotros vamos a trabajar como ellos trabajan acá, como salen a trabajar en su día a día, y en el proceso lo hacemos con intención de evangelismo y discipulado en la iglesia local.
Vemos en el ejemplo con Pablo, cuando él dejó la iglesia de Antioquia, diciendo en el principio solo ustedes participaron, pero después, vemos que Pablo hacía tiendas conociendo a Aquila y Priscila, y ellos fueron lideres luego en la iglesia, ahí hubo un proceso.
Luego, vemos a Pablo hablando con los líderes de Éfeso, diciendo “yo trabajé de día y de noche”, ahí vemos a Pablo que trabajó por finanzas para no ser de carga a la iglesia de Éfeso, y al final de todo, vemos a Pablo viviendo en Roma, posiblemente sostenido por las iglesias para hacer plantación de iglesia.
Dios sigue usando la combinación de varias cosas. Usa a iglesias para sostener, y a veces
usa totalmente el fruto de una empresa o de un trabajo para sostenerse. En términos prácticos es muy importante que las iglesias no se confundan y se desentiendan, que cuando se corta el vínculo financiero, se corta el vínculo con el campo. Cuando un hermano dice que quiere hacer un negocio para evitar pedir dinero, hay que trabajar en el tema de cómo él cree que Dios finanza la obra misionera y cómo es su responsabilidad discipular hacia la iglesia enviadora. Tiene que invertir en que la iglesia comprenda todos esos principios. Las finanzas nunca sobran, siempre son escazas. Si hoy tuviéramos un millón de dólares, yo sé cómo invertirlo para entrar a varios lugares del Medio Oriente. Si tengo 50 millones de dólares, te diría que tengo la posibilidad de extenderme a otros lados. Entonces, el dinero nunca va a ser demasiado porque la obra es muy grande todavía.
Nelson, sirviendo en el Medio Oriente