Rara vez tomamos en cuenta las temporadas de arar, plantar, regar y desherbar que preceden a la cosecha.
En la obra del reino, también, hay temporadas que preceden y siguen a los tiempos de cosecha. Todas las temporadas tienen sus propósitos.
Dios siempre trabaja, aunque no lo veamos. La oración debe acompañar cada fase, pero no acelerará el proceso que es necesario.
Si estamos en la temporada de “riego” no sirve de mucho preocuparse y clamar a Dios porque aún no hayamos visto fruto de nuestras labores.
Cuando nos angustiamos, oramos con más fuerza, y hacemos ajustes a la forma en que estamos trabajando, pensando que la culpa es nuestra. Si solo hiciéramos las cosas mejor y corrigiéramos nuestros errores, entonces veríamos la cosecha anhelada.
Con frecuencia, lo que necesitamos es hacer menos y confiar en Dios más. Él está trabajando en el mundo invisible para llevar a cabo todos Sus planes y propósitos. En Su tiempo Él traerá Su Reino.
Es posible hacer algo limitado dentro de una temporada que precede a la cosecha. Si es la temporada de arar, aremos. Si es la temporada de plantar, deberíamos estar arrojando todo lo que tenemos para lograr que esa semilla esté dentro del suelo.
Lo mismo para regar, desherbar, y recoger la cosecha.
Pero más allá de hacer lo que hagamos en el ciclo actual ante nosotros, no
hay mucho más que haremos. Así que,
¿por qué estresarse, preocuparse, y angustiarse por cosas sobre las que no
tenemos control?
Guido Muse, quien sirvió en Ecuador