
Lo que está dentro, siempre sale a la luz
El fruto del Espíritu nos ofrece una guía clara para evaluar nuestro carácter: amor, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio.

Como misioneros, es fundamental aceptar que vamos a cometer errores —dentro y fuera del campo—. Estamos en constante proceso de cambio, crecimiento y madurez. Si pedimos la ayuda del Espíritu Santo, Él obrará en nuestras vidas y nos moldeará con un carácter semejante al de Cristo.
Es lamentable cuando alguien comete un error, pero no lo reconoce. En lugar de pedir disculpas, se defiende, culpa a otros o responde con agresividad. Esta actitud no solo hiere relaciones, sino que impide el crecimiento personal y comunitario.
Una misionera latina que sirve en Asia expresó: “A nosotros los latinos nos cuesta pedir perdón. Nos cuesta decir ‘me equivoqué’. Esto causa muchos problemas y genera daño al trabajar en equipos de distintas nacionalidades.”
No se trata de si nos equivocamos, sino de cómo respondemos ante la falla. • ¿Reconoces tus errores con humildad? • ¿Sabes pedir disculpas sinceramente? • ¿Tiendes a justificarte o culpar a otros? • ¿Sabes perdonar cuando otros fallan? • ¿Te ofendes con facilidad? • ¿Tu sensibilidad bloquea tu capacidad de aprender?
Habla con quienes te conocen bien: Tu familia, dos amigos cercanos, tu líder en la iglesia o jefe de trabajo.
Pregúntales honestamente si ven en ti la capacidad de reconocer errores y pedir perdón.
Y luego, ora al Señor para que te muestre si hay personas a quienes has ofendido o defraudado. Pídele sabiduría para pedir perdón y restaurar esas relaciones.
Dios quiere usarte poderosamente como misionero. No permitas que el orgullo o la negación se conviertan en obstáculos. Sé un canal de bendición —en humildad, verdad y reconciliación— en las manos del Maestro.
Tu intimidad con Dios será clave para que se forme en ti el carácter de Cristo. Solo así podrás enfrentar el choque cultural, las diferencias de personalidad dentro del equipo misionero, el rechazo de personas por las que has orado durante años, los cambios inesperados en tus planes, los peligros o momentos de incertidumbre.
No importa la edad que tengas. Si dispones tu corazón para crecer y permites que Dios forme en ti un carácter maduro, no dudes que el Espíritu Santo —el Ayudador— lo hará. Serás una verdadera bendición para quienes te rodean y para aquellos a quienes sirves.
"Tenemos que superar la inmadurez: creerse superior por venir de un país desarrollado, o sentirse inferior por venir de uno subdesarrollado”
Sarah, sirviendo en el Medio Oriente

El fruto del Espíritu nos ofrece una guía clara para evaluar nuestro carácter: amor, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio.

"Por lo tanto, todos nosotros, que miramos la gloria del Señor a cara descubierta, como en un espejo, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen

He tenido el privilegio de acompañar a jóvenes valientes, con el deseo sincero de prepararse para servir en el campo transcultural.