
Gratuito porque Cristo ya pagó el precio
Como familia servimos localmente en el sur de Chile, en la región de La Araucanía.

Viví por un corto tiempo en un pueblo de unos 500 habitantes en una zona muy fría de Perú. No había iglesia local de Cristo establecida allí, pero el Señor movió mi corazón para iniciar su obra. Yo era profesora nombrada en la capital, y mi iglesia me permitió ir por cuatro meses para llevar la Palabra de Dios.
Un hermano me presentó al gobernador, quien fue muy amable y apoyó la intención de enseñar la Palabra. Inicié un ministerio entre niños: clases de refuerzo escolar y clases bíblicas. Antes de llegar había pedido al Señor dirección, y conversando con el gobernador y un profesor entendí la necesidad de apoyar a los niños. Incluso dispusieron el local comunal.
Con ellos comenzamos tiempos de apoyo escolar por las tardes y clases bíblicas los domingos. Luego los niños venían a mi casa para ver videos de historias bíblicas y jugar. El Señor usó a los niños para guardar mi integridad cuando surgió oposición de religiosos católicos. Ellos hablaban la verdad ante sus padres, quienes llegaron a confiar en el trabajo. Esto me permitió entrar a sus hogares con el mensaje de salvación y que más personas escucharan la Palabra.
Realicé reuniones bíblicas para adultos durante la semana. Después de cuatro meses, cuatro hermanos fueron bautizados y éramos unos quince creyentes reunidos. El Señor inició su iglesia local con este grupo, que con el tiempo construyó un templo. Las autoridades reconocieron a la iglesia en ceremonias oficiales.
Es vital pensar creativamente en las necesidades del lugar, porque pueden ser puertas que el Señor abre donde ya está trabajando. Él nos equipa con dones, talentos y profesiones, y provee lo necesario. En su obra es imprescindible seguir su dirección con oración y discernimiento, caminar entre la gente, observar, conversar y establecer relaciones para conocer sus necesidades. Ver lo que Él ya prepara y estar dispuestos a ser usados para su gloria.
Pilar, sirviendo en Perú

Como familia servimos localmente en el sur de Chile, en la región de La Araucanía.

Como grupo de jóvenes, Dios habló a nuestras vidas y nos guio a comenzar un trabajo de evangelización en un sector vulnerable.

En un radio de 10 km no hay iglesia, y el transporte es escaso, lo que limita el acceso a una congregación.