
De reclusa a maestra de discipulado bíblico en las cárceles
Algunas vidas parecen condenadas a la oscuridad desde sus primeros pasos. Vanessa Hernaiz creció en un hogar marcado por el rechazo y la santería.

En un radio de 10 km no hay iglesia, y el transporte es escaso, lo que limita el acceso a una congregación. En el sureste de Uruguay comenzó un estudio bíblico semanal en el campamento Cuchilla Alta.
“Es un lugar en donde muchas personas han encontrado pertenencia, una comunidad de fe a la cual pueden unirse”, dijo Jonathan Marroquín, sirviendo con SIM.
Uno de los testimonios más impactantes es el de una señora de más de 80 años. Al mudarse a esta zona no tenía dónde congregarse, pues es la única creyente en su familia. Al encontrar este grupo lo recibió como un verdadero regalo de Dios.
“Ella siempre dice que aquí puede tener comunión con otros creyentes, crecer, sentir el amor de Dios reflejado en las relaciones y recargar energías para su día a día”, comentó Jonathan.
Este grupo de estudio bíblico se ha convertido en su iglesia, donde puede expresarse con otros creyentes y siempre muestra gratitud.
“Es reconfortante tener un lugar donde otros compartan la misma fe. Muchas personas viven solas, sin alguien con quien compartir. Este grupo se ha convertido en un oasis para quienes viven situaciones similares”, añadió Jonathan.
“Pero sean hacedores de la palabra, y no tan solo oidores, engañándose a ustedes mismos.”

Algunas vidas parecen condenadas a la oscuridad desde sus primeros pasos. Vanessa Hernaiz creció en un hogar marcado por el rechazo y la santería.

Todo comenzó en el grupo de conexión de nuestra iglesia Calvary Lima.

En mi aprendizaje del idioma farsi siempre dedicaba los primeros cinco minutos a orar con mi maestra por su familia y su nación.