Gratuito porque Cristo ya pagó el precio

Gratuito porque Cristo ya pagó el precio

Como familia servimos localmente en el sur de Chile, en la región de La Araucanía. Nuestra iglesia ha levantado un Departamento de Misiones con diecisiete años de trayectoria, al que hemos llamado “Misiones Araucanía”. Durante este tiempo hemos desarrollado distintas actividades para impactar a la comunidad y llevar el mensaje del Evangelio con nuevas estrategias.

Para dar contexto: La Araucanía es una de las regiones más rezagadas en varios indicadores, especialmente en lo socioeconómico. Por eso, cualquier iniciativa que aporte a cubrir necesidades es muy valorada. Dentro de la región existe una comuna que limita con Argentina, extensa en territorio, pero poco habitada y con escaso acceso a prestaciones médicas. Allí, en la comunidad indígena Mallín del Treile, hemos organizado al menos tres operativos médicos.

La acogida ha sido muy positiva. Los vecinos agradecen la presencia de profesionales que se presentan como cristianos, y han podido experimentar de manera tangible el amor de Dios.

Se ofrecieron atenciones en salud general, fonoaudiología, kinesiología, psicología, odontología, podología, entre otras; además de servicios sociales como peluquería, orientación sobre programas estatales e incluso asesorías y reparaciones menores de automóviles.

Económicamente, estas prestaciones suelen tener costos elevados, y algunos beneficiarios dudaban de que fueran gratuitas. Para aclararlo, el equipo diseñó volantes con la frase: “Esta prestación es gratuita. Nuestro Señor Jesucristo pagó el precio.” Esa declaración provocaba reflexión y abría la oportunidad de compartir las Buenas Nuevas de Salvación. Finalmente, se invitaba a los asistentes a pasar por la “Estación de Oración”, donde podían presentar sus motivos y recibir oración de hermanos y hermanas preparados para acompañarlos.

Alexis y Yomally, misioneros chilenos trabajando en la capacitación y movilización de la iglesia local aunque sea un vaso de agua fría, por tratarse de un discípulo, no perderá su recompensa.”

La vida cotidiana se convierte en un acto de fe y adoración. “Y todo lo que hagan, sea de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.”

Revista VAMOS septiembre 2026

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