Lo que gratifica más el alma

¿De qué manera Dios te guio a escoger tu profesión?
Me sentí atraída por la psicología en tercer año de secundaria, cuando vi la película “Hombre mirando al Sudeste” en la clase de Literatura. Al llegar la hora de decidir qué estudiar en la Universidad, tuve una disyuntiva entre lo que mi familia quería, la iglesia aceptaba y lo que a mí me gustaba. Así, inicié el primer año de Ciencias Económicas, dándome cuenta que eso no era para mí, así que hablé con mis padres y ellos accedieron al cambio de carrera. Luego, el verano en que iba a iniciar psicología, fui a un congreso de jóvenes, donde Dios me confirmó que esa era la carrera que Él quería para mí.
¿De qué manera usas tu profesión para servir a Dios?
A veces hablando de Dios a mis pacientes. También trabajando en el departamento de Sanidad Interior en la Iglesia y atendiendo en consejería a los hermanos que el pastor me deriva.
Cuéntanos un testimonio que haya impactado tu ministerio dentro de tu trabajo.
Algo que impactó fuertemente mi vida fue una situación cuando colaboraba en Rosario, ciudad en la que estudiaba, con el programa “Horita Feliz” en una villa de emergencia. Me tocó ministrar a dos hermanitas que habían sido, una abusada sexualmente y la otra tocada sin consentimiento.
Marcó mi corazón ver aquellas caritas, llenas de tierra y lágrimas; palpar el dolor de sus tiernos corazones, y saber que yo nada podía hacer, que solo era Dios obrando.
¿Qué le dirías a otros profesionales para animarlos a usar su profesión para el Reino?
Lo mejor que uno puede hacer es invertir su vida para el Reino, y la profesión forma parte de la vida. Nada gratifica más mi alma que saber que estoy llevando por medio de mi vida, gloria a Dios y que estoy alineada con los designios del Padre.
¿Qué te gustaría ver que la Iglesia enseñe más en cuanto a los profesionales?
Que se puede ser cristiano y profesional. Instar y desafiar a las nuevas generaciones a prepararse académicamente para tomar lugares de gobierno y llevar a Dios a los lugares, que como Iglesia de Cristo hemos cedido al enemigo por no capacitarnos (profesionalmente); como la ciencia, el arte, los medios de comunicación, la política, etc.