
La importancia de detenernos a evaluar y reflexionar
Hay que hacer nuestro propio análisis de qué manera servimos un tiempo de ministerio.

1. Apartar tiempo para cultivar la adoración y edificación personal
Esto significa hacer espacios durante el día, fuera del tiempo devocional concentrado, cuando nos pausamos momentáneamente para reconocer a Dios como el dueño de nuestras vidas y, por ende, ministerios. Son tiempos de respiración espiritual para oxigenar la perspectiva de la verdadera realidad.
Durante nuestro tiempo en el campo misionero transcultural, reconocimos aún más nuestra incapacidad de poder hacer la obra de Dios (Salmo 127:1-2). Era imposible con nuestras fuerzas transformar corazones, cambiar vidas, forzar voluntades, sanar heridas, liberar opresiones, o cambiar hábitos y circunstancias. Esta es la obra de Dios y debíamos de caminar en la llenura del Espíritu para poder ser útiles, para ello necesitábamos de su comunión constante. Pero al llenarse la agenda con detalles, preocupaciones de la vida y los asuntos en el ministerio, debemos intencionalmente apartar tiempo para reconocerlo, para dirigir nuestra mirada a los cielos, pues de allí viene nuestro socorro (Salmo 121:1-2).
En esta cápsula me atrevo a dar unos consejos respecto al ministerio local y transcultural. Fueron aspectos que nos ayudaron junto con mi esposa Betsy e hijos a disfrutar el ministerio de mejor manera, a pesar de las tensiones inevitables de la vida.
2. Cultivar una vida integral, bíblicamente balanceada
La palabra integral se refiere al obrero como ser humano, tripartito: alma, cuerpo y espíritu. Dios nos hizo completos, y Jesucristo lo modeló con su vida y cuidado a sus discípulos: durmió en la barca, comió y disfrutó con ellos, departió con amigos, participó en fiestas, caminó, estuvo a solas y se relacionó con su familia.
Al mismo tiempo, tuvo tiempos específicos dedicados a su Padre y a la misión. Hizo tiempo para cultivar una vida integral.
Recuerdo el consejo de una obrera experimentada en el campo donde servimos, al decir: “Tengan pasatiempos, que les ayuden a poner su atención en otras cosas fuera del ministerio, sino se van a fundir.” En ese entonces pensábamos qué poco espiritual fue aquel consejo, pero al verlo en el retrovisor digo: “Qué sabio fue ese consejo”.
3. Trabajar en equipos igualitarios
Aquí se cumple el adagio usado por los hombres en relación con el sexo bello: “No podemos vivir sin ellas y vivir con ellas es difícil”. Esto se cumple en la vivencia de equipos ministeriales. Son de mucha ayuda cuando hay buena dinámica de trabajo.
Un equipo bien afinado en sus dones, habilidades, y relaciones puede ser efectivo en el logro de las metas propuestas. Pero, al mismo tiempo el mal liderazgo, y/o la mala relación entre los miembros de un equipo destruyen al equipo y son las principales razones del regreso de los obreros del campo, según el libro, "Demasiado valioso para que se pierda" por Guillermo Taylor.
Equipos igualitarios, son aquellos donde el liderazgo brinda oportunidades para que todos participen de la mejor manera, con respeto y
libertad. Esto es importante pues aquí hay desarrollo de
líderes y la preparación del relevo de liderazgo.
José Cruz sirvió como plantador de iglesias en El Salvador, Estados Unidos y el Medio Oriente, y actualmente es maestro del Seminario Teológico de Dallas

Hay que hacer nuestro propio análisis de qué manera servimos un tiempo de ministerio.

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