
"No veo tu edad"
Dios un día me dijo, “Yo no miro tu certificado de nacimiento para ver tu edad. ¡Yo, miro tu corazón dispuesto a obedecerme!”

Los adultos mayores tienen mucho para enseñar a los jóvenes y a toda la iglesia. Los movilizamos al mostrarles la necesidad y ayudándoles a conocer qué habilidades ya tienen para satisfacerla.
“Alrededor del mundo, hay una gran urgencia de discípulos de Cristo maduros que se unan a los equipos misioneros para inyectar sabiduría y experiencia, y representar una vida que honre a Cristo en un contexto transcultural”, dijo Paul Akin, de IMB.
A veces la sociedad hace sentir menos queridos a los mayores, pero los jóvenes de hoy en día, buscan una voz de sabiduría. Su ejemplo, su entrega, hablan mucho.
“Te lo prometo, mi generación desesperadamente necesita ser discipulada por hombres y mujeres mayores que quieren morir exhaustos porque saben que tienen una eternidad para descansar”, dijo Grant Skeldon, joven de la Red Iniciativa.
En la iglesia, tanto como en el campo misionero, se necesitan personas que enseñen a otros; esto, tiene un efecto multiplicador.
“Quizás ya no tienen la fuerza para levantar un bloque y construir una casa, pero ofrecen la experiencia para enseñar a 10 jóvenes cómo hacerlo”, dijo Henry Lowman, director de Mercy International en Honduras.
La edad te hace maestro de algo, sea de matemáticas, periodismo, albañilería, para criar niños, etc. Un movilizador debe animar a los hermanos mayores a compartir lo que han aprendido en la vida y crear oportunidades para que lo compartan.
Aun en su vejez darán frutos y se mantendrán sanos y vigorosos.
Algunas agencias e iglesias tendrán sus límites escritos en sus perfiles, pero si la persona se encuentra en buena salud y lleva a cabo las actividades que se requieren, la edad no será la razón para no servir.

Dios un día me dijo, “Yo no miro tu certificado de nacimiento para ver tu edad. ¡Yo, miro tu corazón dispuesto a obedecerme!”

Rara vez tomamos en cuenta las temporadas de arar, plantar, regar y desherbar que preceden a la cosecha.

Cuando salí al campo enviada por mi iglesia, sentí que por fin estaba llegando al lugar que Dios tenía para mí, lugar en el que podría estar por el resto de mi vida. Como salí con una organización que facilitaba esta transición, inmediatamente tuve una orientación, un equipo, un sentido de pertenencia y también una