Las diferencias pueden ser superadas

En la iglesia de cierta forma podemos pertenecer a un grupo donde tenemos más cosas en común, y aun así a veces se torna difícil. ¿Cuánto más puede ser estar en un grupo con personas de diferentes culturas y trasfondos, en un país que no es el tuyo, con responsabilidades inmediatas?
Las diferencias culturales pueden llegar a afectar no solo la forma del trabajo, sino también a nivel relacional y emocional. “En muchas ocasiones las diferencias culturales pueden llevar a que un miembro se sienta menospreciado en la labor que está realizando cuando no recibe el aliento que se espera y está acostumbrado a recibir”, dijo Daniela Ortiz, misionera colombiana y maestra de Misiología.
“En otros casos algunos miembros se sienten incomprendidos ante un equipo que no valida sus opiniones o ideas. Es fácil dejar que el orgullo nos lleve a pensar que nuestros métodos, pensamientos, metas y estándares son los correctos, pero realmente se termina haciéndo un gran daño al ministerio”.
La manera en que podemos manejar estas diferencias es entendiendo que el ministerio no es mío, sino de Dios. “Él pone a cada persona con su contexto, personalidad y perspectiva, los discípulos de Jesús debieron tener muchos conflictos en un inicio por las grandes diferencias que había en ellos, pero finalmente lo que los unía era Cristo. La iglesia primitiva es un gran ejemplo de la unidad que como equipo debemos tener, Cristo es quien nos une y él que ha conocido a Dios ha conocido el amor”, dijo Daniela.
Si cada miembro del equipo aplica esta verdad, que nuestra fe en Cristo nos permite llegar a ser un solo cuerpo, una sola familia en Él, y que Cristo y la Cruz trasciendan las diferencias culturales; entonces esto ayudará al equipo para que funcione mejor, sea más unido y avance.
Podemos recordar la figura de Apocalipsis 7:9, donde todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas estarán delante del trono y en la presencia del Cordero.
“Al verme en medio de esta diversidad siempre recuerdo la figura de Apocalipsis y me motiva a amar más a los miembros de mi equipo y seguir sumando. Disfruto mucho trabajar en un equipo multicultural, me gusta la diversidad”, dijo Roshni, sirviendo al sur de Asia.
“Aplicando esta verdad y mirando mi experiencia puedo decir que, ¡sí! es posible trabajar en equipos multiculturales de forma efectiva para el avance de la extensión del Reino de los cielos en medio de los No Alcanzados”.
Ruth Lévano, colaboradora del Equipo VAMOS