En estos casi veinte años de la Escuela Misionera Hechos 29, se han hecho tantos viajes y conocido tantas culturas, que las dificultades, inevitablemente han aparecido en el camino. Sin embargo, y gracias a Dios, no suelen haber tantos, pero llegan a ser un total desafío el averiguar cómo resolverlos cuando se presentan. ¡Y al instante sería mucho mejor!
Generalmente se han presentado desacuerdos o “choques”, entre los grupos con los que hemos trabajado que llegan del Ecuador, Argentina, Uruguay, Chile, México y Suecia. Gracias a la experiencia y el ritmo de vida, hemos podido aprender y lograr enseñar una de nuestras metas que es la vida en convivencia, poniendo como punto central el mensaje de la Cruz de Jesús.
Es en los grupos latinos es donde he llegado a notar un poco más esas tensiones, principalmente por las prácticas religiosas. Esto debido a cómo diferimos en: los acercamientos hermenéuticos de la Biblia, liturgias, puntos de vista o incluso el estilo de vida personal. Pero ha permanecido la buena convivencia.
Con los suecos suele ser más al revés, menos tensiones en las prácticas religiosas y más tensiones en la parte social, con base a esto, siempre apelamos a una interpretación de las Escrituras que nos una más. Y de esta manera poder construir la unidad de la iglesia como Cuerpo de Cristo, y más con los grupos latinos, a pesar de tener tradiciones y diferencias muy marcadas por la cultura de los lugares de donde llegan nuestros alumnos y líderes.
Un ejemplo es cuando analizamos la vida de Pedro, desde la lupa de Los Hechos de los Apóstoles y la carta a los Gálatas, surge la muy típica discusión de: ¿podemos o no podemos? En algunos casos, la discusión siguió, pero en la mayoría no fue así, ya que concluimos – mediante un buen diálogo y discipulado correcto – que, aunque unos se sientan más libres de hacer cosas que otros no, o tengan formas diferentes de celebrar sus cultos o enseñanzas, nos une el mensaje de la Cruz y hacemos que la iglesia sea una sola en Cristo, siendo más tolerantes entre nosotros sin emitir alguna clase
de juicio injusto que nos divida. Al final, construimos la unidad y la fácil
convivencia en medio de todas estas diferencias. Cada nación con su cultura,
idioma y tradición edifica el Cuerpo de
Cristo, cuando nos unimos en un solo punto central o más bien, Piedra Angular.
Miguel Ortiz, coordinador en México de la Escuela de Misiones, Discipulado y Liderazgo: Hechos 29